Sin más preámbulo y sin darle más vueltas al asunto, un día me quedé pensando algo que nos afecta a muchas personas y a lo que no le damos mucha importancia. La verdad es que nos pasamos la vida negando quienes somos, mientras nos esforzamos a cada instante en demostrarles a quienes nos miran y nos rodean, que somos exactamente quienes ellos quieren que seamos.
Construimos como los mejores artistas la obra de nuestras vidas, pensando en estética y en lo políticamente correcto, todo lo demás se queda en nuestra tan amada paleta de colores, bien guardado y sin posibilidad de ver la luz. El “filtro” que hacemos de nuestros más profundos deseos y que nos impide poner en el lienzo de nuestras vidas la verdad, es nuestro -diplomático de confianza- y a la vez nuestro -leal verdugo-. Tampoco es una cruel tarea tapar nuestro real yo, después de todo, a cambio recibimos gratificación, somos admirados, incluso hasta nos aman por quienes parecemos ser, pero sin embargo no todo lo bueno que recibimos logra hacernos felices.
Yo me hago la pregunta muchas veces, ¿cuánta aprobación perseguimos para mantenernos pasivamente castrados?... ¿Qué precio le ponemos a nuestra libertad? Y asimismo es válido preguntarse sobre el otro lado, ¿cuánto estamos dispuestos a pagar y deber por ser libres?
Ese es el asunto… que lo bueno para los demás, no necesariamente va asociado a nuestra felicidad, asimismo lo malo no sería la respuesta, pero entre bueno y malo hay un largo trecho y perseguir uno o huir de otro, hace que nos perdamos en muchas ocasiones todo lo demás. Bien nos decía un querido profesor de mi facultad “nos enseñan a ser buenos, pero no a ser felices”, esa es la verdadera tarea de vida entonces, pero muchos confunden esto con ser correctos y eso tampoco puede que nos haga felices.
Con el paso por la vida pagamos precios muy altos y a escondidas, asustados, intentamos robar momentos para ser nosotros mismos, realmente nosotros, sin juicios, sin preguntas, sin culpa, simplemente nosotros mismos, auténticos en nuestra dicha, en nuestra paz, en nuestra verguenza y en nuestra felicidad. -Por ahí una vez escuche: Uno se pasa la vida tratando de darse el lujo de ser uno mismo y muchos no lo logran jamás, porque quizás lo que somos no es bueno para los demás, quizás es inconveniente y perdamos todo lo que hemos construido siendo otros, asumiendo otros roles ya probados y comprobados.
Ser uno mismo al final del día resulta como dice una amiga, un deporte extremo.
Yo me quedo acá pensando y pensando, ¿es tan malo ser yo misma? definitivamente con esta frase cliché me justificare “No soy perfecta” ¿pero tan mala soy que no se me permite ser yo? -A la hora de la verdad, soy yo quien tiene miedo… la desaprobación social parece ser la mejor prueba psicológica para ver qué tanto lo he superado.
La verdad yo creo que sólo cuando amamos de verdad a alguien, se nos rompe la moral y casi en trauma nos aceptamos, nos equivocamos y hacemos estupideces, eso es lo que nos hace finalmente humanos, ese es nuestro estado puro, nuestro verdadero yo.
Hay una frase que siempre me ha llamado la atención “Junto a el/ella puedo ser yo mismo.” ¿Qué dice eso? Yo a su lado, soy libre… ¿difícil no? Encontrarlo, asimilarlo, recibirlo, honrarlo, aceptarlo y mantenerlo. Es psicológicamente más fácil moldearnos a lo aceptable, que tolerarnos en nuestros momentos de profunda equivocación, porque imaginen por un momento tolerar las dolorosas fallas de otros, o que los otros nos toleren…Algo muy difícil de aceptar ¿no creen? Nosotros creemos que hay cosas que se deben amar, así como también creemos que hay cosas que se deben odiar, resulta que como lo comprobamos todos los días, -el deber ser- es un patrón de papel fácilmente desgarrable.
Al final y como de costumbre, se nos aparece el gran conflicto cuando nos damos cuenta que lo que amamos no es lo que nos enseñaron a amar, y lo que nos enseñaron a odiar a veces lo amamos. Es ahí en este juego de variables, sentimientos, percepciones y verdades, cuando realmente nos encontramos con nosotros, con nuestra desnuda realidad… Perdidos, luchando, ganando, perdiendo... Al final, sólo intentando ser nosotros mismos, algo que nadie nos enseñó JAMÁS.
Para Tejemedios escribió:
PAZ ROMERO BUSTOS
Psicóloga Clínica