Últimamente he leído muchas
imbecilidades sobre un candidato presidencial que se bajó por problemas sicológicos
y con sorpresa me doy cuenta que muchos individuos han hecho mofa de su estado
de salud, sin saber nada de ciencias y menos de sicología de la conducta. En
Chile la raza está casi podrida y la ignorancia pareciera ser el pasaporte para
que cualquier imbécil elabore teorías sobre la salud mental del otro. Aquí les
dejo una columna un poco más densa, la que sin duda leerán aquellos lectores
con más materia gris, el resto la encontrará latera, aunque eso me importa bien
poco les diré.
LA ACTIVIDAD PSICOLÓGICA EN
NUESTRA VIDA
Lo que hasta ahora se llamaba
trastorno o enfermedad mental, tienen un correlato en el cerebro, son
disfunciones del sistema cerebral.
¿Cerebro e identidad son lo
mismo? No, pero en el cerebro está la conciencia de lo que uno es. Nunca se
podrá hacer un trasplante de cerebro porque si a mí me trasplantaran su cerebro
al despertarse sería usted con mi cuerpo, es decir, le habrían hecho un
trasplante entero de cuerpo, porque yo me levantaría con su identidad, por
tanto, reconocemos que en nuestro cerebro está nuestra identidad. Hay muchas
cosas en el cerebro, pero las más sublimes son las que hemos estudiado más: la
inteligencia, la conciencia de cómo soy, la empatía y ahora tenemos mucho
interés en estudiar las emociones porque han sido menospreciadas, cuando son
cruciales para el funcionamiento humano y son las que en última instancia guían
la conducta.
¿Qué relación hay entre cerebro y
emoción? No todo está en el cerebro, las emociones están en el cuerpo, que es
el escenario donde se despliegan. En el cerebro existe una región, la ínsula,
que saca fotografías continuamente de cómo está el cuerpo y hay un momento en
que advierte de que en él está cambiando el estado de las vísceras, es decir,
de que se está sintiendo una emoción. Por sentido común se piensa que primero
se tiene miedo y luego se tiembla, pues sucede al revés, primero se tiembla y luego
se siente miedo, porque el cerebro reconoce las señales del cuerpo y dice que
eso que se está sintiendo es la emoción miedo.
¿Puede el cerebro gobernar las
emociones? Sí, pero no tan fácilmente como la gente cree. Ha habido una
corriente en psicología que planteaba algo que parece de sentido común: el ser
humano es racional, piensa y puede controlar o dominar las emociones con la
razón. La razón está en la corteza prefrontal, justo detrás de la frente, y las
emociones hay seis básicas, alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa, con
éstas construimos otras más complejas, las emociones sociales, como la culpa,
la compasión, el amor están en el sistema límbico. Las vías que van del sistema
límbico hacia el cortex prefrontal, o sea de las emociones a la razón, son
muchas, pero las que van de la razón hacia las emociones son pocas. Esto quiere
decir que el poder de las emociones para contaminar a la razón son muy fuertes,
pero la razón tiene muy poca fuerza para dominar al sistema emocional.
¿Tenemos más emociones negativas
que positivas? Hay una positiva, la alegría, a las otras las llaman emociones
negativas. Esto tiene una implicación importantísima porque si dices que algo
es negativo debe ser eliminado, por tanto cuando alguien siente tristeza miedo
o ira debe ir rápidamente a un médico para que le anestesie estas emociones. La
pregunta que surge entonces es: ¿por qué y para qué la evolución puso este
sistema emocional en nuestro cerebro? Son señales de alarma que manda nuestro
cuerpo al cerebro para decirnos que algo no va bien y poner en marcha
mecanismos para solucionarlo. Me gustaría que la palabra negativa se
transformara en desagradable, son emociones que no es agradable sentir, pero
que debemos escuchar antes de anestesiar porque nos están diciendo que debemos
cambiar algo en nuestra vida.
CÓMO SOY DE VERDAD
Es fascinante que el cerebro
colabore en el autoengaño humano... El autoengaño es la capacidad del ser
humano para mantener la imagen que ha creado durante años de sí mismo. Cada uno
de nosotros tiene en su cerebro una idea de sí mismo y ésta le protege de los
demás. Esta imagen, en la mayoría, es mejor de la que tienen los demás de mí.
No estoy preocupado por la autoestima, la gente la tiene bastante buena. La
imagen de uno mismo la guardas en el hemisferio izquierdo, cuando viene
información nueva, si va bien con esa idea, la dejas pasar al hemisferio
izquierdo para reforzar esa imagen, pero si por el hemisferio derecho entra
información que la contradice lo que haces es expulsarla y generar una historia
para justificar que esa información no puede ser integrada en el cerebro porque
de alguna manera supondría un cataclismo para la idea que tienes de ti mismo.
Existe un debate científico para
saber si el ser humano es cada vez más imbécil o más listo. ¿Hay ya una
conclusión? No. Mi idea es que vamos a ser más torpes. Si creo que el ser
humano es un ser que se mueve, razona y actúa con sus emociones, tenemos un
panorama en el que los sujetos no piensan mucho porque tienen máquinas que lo
hacen por ellos y les extraen rápidamente el conocimiento pulsando una tecla y
utilizando un buscador llamado Google; no dejamos que las emociones convivan
con nosotros porque en cuanto son desagradables las anestesiamos, y en cuanto a
la conducta cada vez nos movemos menos, es decir, estamos en el sofá rodeado de
mandos y nuestra única dificultad es saber qué mando corresponde a cada
aparato. Por tanto, tenemos un ser pasivo, que recibe información pasiva y que
tiende a anestesiar sus emociones rápidamente en cuanto son desagradables. Esto
crea un ser más torpe, más incapaz, más inútil, limitado.
NEUROCIENCIA POLÍTICA
En los últimos años, esta
cuestión se ha abordado de manera científica, la única capaz de resolverla. Los
estudios científicos han comenzado a revelar que existen factores biológicos,
no sólo factores sociales, que influyen en nuestra elección de tendencia
política. Por ejemplo, estudios realizados con hermanos gemelos, que poseen
genomas prácticamente idénticos, han demostrado que los genes influyen en la
tendencia política, ya que es mucho más frecuente que dos hermanos gemelos
abracen una misma ideología política y no que lo hagan hermanos no gemelos, que
poseen mayores diferencias en sus genomas.
Así pues, es posible que nazcamos
genéticamente predispuestos a abrazar una determinada ideología política, por
increíble que pueda parecer. Esto podría explicar el hecho de la constancia, a
lo largo de la historia y entre diferentes culturas, de las dos ideologías
políticas mayoritarias: la izquierda y la derecha, liberales y conservadores.
Al parecer, los genes podrían afectar a nuestra personalidad, o a nuestro
estilo de interpretar la realidad (estilo cognitivo), de manera que
preferiríamos mayoritariamente dos tipos de organización social, como también
son mayoritarias otras características dependientes de los genes, como el color
del pelo (rubio, moreno) o de los ojos (oscuros, claros).
Otros estudios han revelado
también que variantes de genes implicados en la comunicación neuronal están
relacionadas con la tendencia política en un determinado entorno social. Así,
una variante del gen para el receptor de la dopamina, un neurotransmisor, se
asocia a una personalidad que busca la novedad, y a una tendencia política
liberal, aunque solo si la persona se desarrolla en un entorno social que
proporciona diferentes puntos de vista.
Un estudio realizado hace unos
años, concluía también que en las tareas cognitivas que requieren de una
adaptación al cambio, los liberales se equivocaban menos frecuentemente, y un
área de sus cerebros, llamada el córtex anterior cingulado, se activaba más
intensamente que la de los conservadores. Esta área del cerebro interviene en
funciones cognitivas racionales, tales como la anticipación de las
consecuencias de nuestras acciones, la toma de decisiones, la empatía con los
demás y la respuesta emocional. En línea con estos estudios, otros muy
recientes han demostrado que somos capaces de averiguar con bastante fiabilidad
la tendencia política de las personas sólo basándonos en el análisis de las
facciones de los rostros. Puesto que las tendencias políticas no parecen
modificar las caras (aunque tal vez pueden hacerlas más duras), otros factores
que afecten a las facciones del rostro deben afectar también a nuestras
elecciones políticas. Estos factores solo pueden ser los genes.
MATERIA GRIS Y POLÍTICA
Sin embargo, si algunos genes y
la diferente actividad de ciertas áreas del cerebro han sido asociados con la
elección de la tendencia política, hasta la fecha nadie había estudiado si la
propia estructura cerebral fina también podía ser diferente entre gente de
derecha y gente de izquierda.
Investigadores del instituto de
neurociencia cognitiva de la universidad de Londres han analizado por
resonancia magnética los cerebros de adultos jóvenes. Los resultados,
publicados en la prestigiosa revista Current Biology no son menos sorprendentes
que los descritos arriba. Las personas de izquierdas poseen, en general, más
materia gris en el córtex anterior cingulado, lo que es coherente con la mayor
actividad de esta región cerebral mostrada por las personas de izquierdas al
realizar determinadas tareas cognitivas.
Los conservadores, en cambio,
poseen menos materia gris en dicha región cerebral, pero muestran un aumento en
el volumen de la amígdala derecha (casualmente no en la amígdala izquierda),
una región cerebral involucrada en la emoción del miedo y que otros estudios
han demostrado que está involucrada en la actitud frente al voto.
Es importante señalar, no
obstante, que estos estudios no indican una relación causa-efecto, sino una
simple asociación. No sabemos si es la elección de nuestra tendencia política
la que afecta a la estructura cerebral, si es la estructura cerebral la que
afecta a la elección política, o si ninguna afecta a la otra, sino que ambas
son afectadas por otro factor aún desconocido. No obstante, si consideramos los
estudios genéticos y de actividad cerebral, parece más probable que la
estructura cerebral afecte a nuestra elección política, y no al revés.
Resta mucho aún por estudiar
sobre los factores que nos convierten en animales políticos de una u otra
tendencia, o de tendencia variable, pero quedan ya pocas dudas de que los
factores biológicos pueden ser tan o más importantes que los sociológicos a la
hora de emitir nuestro voto o elegir nuestra tendencia.
En política, cuando la razón y la
emoción chocan, la emoción gana siempre. Las elecciones se juegan en un mercado
de emociones, un mercado lleno de valores, imágenes, analogías, sentimientos
morales, carga emocional extrema y una oratoria conmovedora, en el que la
lógica sólo desempeña un papel de apoyo. Algunos políticos, aquellos con más
compromiso social y más emociones hacia el otro y hacia las necesidades del
otro, son más susceptibles de sentir esa carga y colapsar.
En definitiva, quien más
sentimientos verdaderos tiene, está más cerca de caer en una crisis psicológica.
Y yo ahora les pregunto, ¿que es mejor? una persona que se emociona ante los
demás, que se enferma ante la realidad brutal, o una persona de piedra, sin
mente y sin sentimientos que la quebranten.
Los procesos mentales son
complejos, así que dejemos de andar hablando de lo que no tenemos idea.
Para El Examinador.cl
Paz Romero Bustos
Psicóloga Clínica
Máster en Psicología de la Conducta